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El mundo del cine
en general y estadounidense en particular llora la pérdida, este
sábado, de Paul Newman. Actor, director, guionista, productor y mito
del celuloide, falleció a los 83 años víctima de un cáncer de
pulmón.
DPA-.
Las reacciones de sus compañeros no se hicieron esperar. Entre
ellas, lugar preferencial merecían las de Robert Redford, quien a
sus 72 años puede presumir de haber firmado con Newman algunas
películas de indudable éxito y recuerdo entre los cinéfilos.
"Hay momentos en
los cuales los sentimientos no pueden traducirse en palabras",
afirmó Redford, al programa de televisión Entertainment Tonight. "He
perdido a un verdadero amigo. Con su presencia, él mejoró mi vida y
a este país".
Meryl Streep,
actualmente en plena promoción de su última cinta, 'Mamma Mia',
quiso destacar el factor humano de Paul Newman, recordando que al
margen de su faceta pública colaboró con causas humanitarias: "Le
echaré de menos, todos lo echaremos de menos, no hay otro como él",
dijo a la televisión italiana. "Tuvo una vida de la cual puede estar
orgulloso por su familia, su actividad de beneficencia", agregó.
Julia Roberts
incidió en este aspecto. La actriz coincidió con él en uno de los
proyectos sociales creados por el actor: "No sólo fue un colega,
sino también un ejemplo personal; era mi héroe".
Ejemplo para las
estrellas de cine
Discreto, pese a
su atractivo físico; modesto, pese a su talento, otros actores han
querido sumarse al homenaje mediante sus mensajes. La estrella
italiana Gina Lollobrigida, por ejemplo, calificó a Newman de
"hombre y actor maravilloso y serio, que desarrolló una vida
ejemplar alejado de la farándula y le dio mucho al cine
internacional". Como quiso añadir George Clooney, "deja el listón
muy alto" para el resto.
Kevin Spacey fue
igualmente expresivo, al describirle como un "gigante grandioso y
modesto. Él decía que simplemente había tenido suerte, pero nosotros
sabíamos que fue su talento, su humor y su generoso corazón lo que
lo convirtió en estrella".
Sin embargo, fue
el británico Daniel Craig, quien trabajó con Newman en 'Road to
Perdition', -la última película en la que apareció Newman (2002)- el
que se mostró más contundente con menos palabras: además de
calificarle como un "hombre maravilloso", añadió: "Creo que ha
terminado una era".
El galán que quiso
ser canalla
Tenía todos los
papeles para convertirse en un galán de Hollywood, pero prefirió ser
un canalla. Empeñado en huir del estereotipo de guaperas, optó por
la vía menos fácil: que su incuestionable belleza y sus epatantes
ojos quedaran en un segundo plano, que lo que brillara fueran sus
interpretaciones. Y lo logró. Porque cuando se piensa en Paul Newman,
viene a la cabeza el preso indomable capaz de comerse 50 huevos, el
timador de las carreras de caballos o el millonario heredero que,
incapaz de asumir responsabilidades, se refugia en el alcohol.
«Un tipo que
intentó ser parte de su tiempo, que intentó que la gente se
comunicara con los demás, que buscó algo de decencia en su propia
vida, que quiso crecer como ser humano. Alguien que no es
conformista, que no transige». Así, como persona y no como mito,
quería ser recordado Paul Newman. Pese a ello, pasará a la historia
como la leyenda de Hollywood que fue y que un cáncer nos arrebató el
26 de septiembre de 2008 a los 83 años.
Actor, director,
guionista, productor. Aspirante a piloto militar que no pudo serlo
por daltonismo. Licenciado en Economía que prefirió los teatros a la
Bolsa. Propietario de una marca de productos ecológicos con fines
benéficos. Apasionado de las carreras de coches. Filántropo
preocupado por los niños. Casado con una actriz de Hollywood durante
más de 50 años. Padre destrozado por la muerte de su hijo por
sobredosis. Cada una de las facetas de su vida daría para contar una
historia en la gran pantalla. Todas tendrían en común el idealismo
que llevó a Paul Newman a no permanecer quieto ni un segundo durante
83 años.
Paul Leonard
Newman nació el 26 de enero de 1925 en Cleveland (Ohio), en el seno
de una familia de 'nuevos' estadounidenses, aquéllos que viajaron
desde Europa para establecerse en la América de las oportunidades.
Su padre, de origen judeo-alemán, y su madre, de raíces húngaras,
regentaban un negocio de artículos deportivos con la idea de que
algún día fueran sus hijos quienes se ocuparan de la tienda. El
destino de Paul Newman parecía claro, sobre todo después de
finalizar la carrera de Ciencias Económicas. Pero viró en su
camino.
No era la primera
vez que se rebelaba contra su 'destino'. Cuando apenas tenía 17 años
se alistó en la Marina con la idea de convertirse en piloto, pero el
daltonismo que entonces se percató que sufría no le dejó ponerse a
los mandos de un avión.
Sus obligaciones
como padre de familia —en 1949 se casó con Jackie Witte, con quien
tuvo tres hijos— no impidieron que pusiera rumbo a Nueva York para
cumplir el sueño de convertirse en actor, no sin antes verse
obligado a ejercer de comercial, jornalero en una granja y hasta 'sparring'
de boxeo. Debutó con éxito en Broadway en 1953, con la obra
'Picnic'. No tardaron en llegar ofertas para el cine, con el
denominador común de ser muy poco apetecibles. Finalmente aceptó
protagonizar 'El cáliz de plata', su estreno en la gran pantalla y
película de la que se arrepentiría toda la vida, y por la que
incluso llegó a pedir disculpas.
'Marcado por el
odio' (1956) enderezó su carrera, que desde entonces no cesó de
cosechar éxitos: 'La gata sobre el tejado de zinc' (las obras de
Tennessee Williams fueron cruciales para su carrera), 'El zurdo',
'Un marido rico', 'La ciudad no es para mí', 'Desde la terraza' o
'El largo y cálido verano', en la que coincide con Joanne Woodward,
la actriz que sería su segunda esposa, con quien tendría otros tres
hijos, y que lo acompañaría hasta el final de sus días. Interrogado
una y otra vez sobre cuál era el secreto de su matrimonio, Newman
bromeaba diciendo: «No sé qué me pone Joanne en la comida». Para
luego confesar que le parecía absurdo «salir a buscar hamburguesa
teniendo filete en casa».
Lejos de explotar
su faceta de guapo, y a pesar de que en sus inicios le confundían
Marlon Brando (llegó a rubricar más de 500 autógrafos con la firma:
«De Marlon Brando, con los mejores deseos»), Newman prefirió
alejarse de la imagen de 'sex symbol'. Hasta rechazó un papel en 'Ben
Hur' por considerar que sus piernas "no lucirían bien" con el
atuendo de romano. El intérprete prefirió que en sus apariciones en
la gran pantalla su principal baza no fuera el físico.
'Dulce pájaro de
juventud', 'Cuando se tienen veinte años', 'El premio', 'La ciudad
no es para mí', 'Desde la terraza', 'Éxodo', 'Harper, detective
privado', 'Cortina rasgada', 'La leyenda del indomable', 'Dos
hombres y un destino', 'El golpe'... Paul Newman trabajó con los
directores más importantes de la segunda mitad del siglo XX y,
además, se atrevió a colocarse tras la cámara hasta en siete
ocasiones, si bien fue con 'El efecto de los rayos gamma sobre las
margaritas' la película con la que logró colarse en la lista de
actores respetados como realizadores.
En 50 años
ininterrumpidos de profesión, las malas rachas eran inevitables. La
peor para Newman sobrevino en los 70, con la participación en
películas como 'Aeropuerto' o 'El coloso en llamas'. Sidney Lumet
acudiría al rescate del actor, y le daría su séptima nominación al
Oscar con 'Veredicto final'. Pero no sería hasta la llamada de otro
grande a la puerta de Newman cuando el actor conseguiría la única
estatuilla no honorífica de su vida (ganó tres en total): fue en
1986 con su interpretación del ex campeón de billar Eddie Felson en
'El color del dinero'. No sería su última nominación: en 2002, con
'Camino a la perdición', lograría su novena candidatura al Oscar, y
la primera como actor secundario.
El cine no fue la
única faceta destacada de su vida. Preocupado por los más
indefensos, participó en diversas iniciativas sociales en favor de
los niños, incluso fue nombrado 'padre del año' por Unicef.
Precisamente la pérdida de su hijo Scott por sobredosis le llevó a
crear la Fundación Scott Newman. El actor deja además como legado
Newman's Own, empresa dedicada a la alimentación ecológica cuyos
beneficios se destinan íntegramente a labores benéficas.
También coqueteó
con la política, apoyando a los demócratas y engrosando la 'lista
negra' de Richard Nixon durante el escándalo Watergate, «el mayor
honor que he recibido en mi vida», bromeaba Newman.
Pero no todo iba a
ser dedicación a los demás: Newman cultivó hasta casi el final de
sus días su otra gran pasión: los coches de carreras. Propietario de
un escudería de Cart, logró un segundo puesto en las 24 horas de Le
Mans de 1979, al volante de un Porsche 935. Su pasión por el motor
quedó reflejada en su última 'aparición' en la gran pantalla: puso
voz a Doc Hudson en 'Cars'. Larga vida al indomable, larga vida a
Paul.
C.
A.
29-09-2008
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