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Puntal-.
Marcela Tissera está cumpliendo una condena por homicidio en la
cárcel de Río Cuarto, Argentina. Es
la única transexual en
el país que está alojado en un pabellón de mujeres. Con toda la
sensibilidad y la sinceridad que brota de su ser, ella cuenta por
qué tuvo que ejercer la prostitución desde niña, la operación que le
permitió ser mujer y el cambio que produjo su paso por la cárcel en
su desafortunada vida.
-¿Además de los cursos, qué cosas aprendiste en la cárcel?
- No me hubiera
gustado haber conocido la cárcel para llegar a todo lo que llegué
hoy. Crecí como persona, ahora me amo, estudié y me recibí, aprendí
un montón de cosas acá adentro.
-¿Y el libro sobre tu vida cuando lo vas a empezar a escribir?
- ¡Ya lo estoy
escribiendo! Es sobre mi pasado y mi presente. Es que acá nací de
nuevo. Muchos dirán: “¡La Marce está loca!” Pero no, es la verdad.
Acá me aprendí a valorar como persona, cosa que antes no hacía.
- Vos hablas de tu pasado, ¿cómo fue?
- Muy feo. Mi
pasado fue muy muy feo. Yo nací con los dos sexos. En mi casa nunca
se habían dado cuenta de mi problema.
-¿Y cómo y cuándo se dieron cuenta?
- Cuando yo
tenía siete años enfrenté a mi familia, a mi hermano y a mi madre,
los únicos dos que tengo, y les dije lo que sentía, que yo no me
sentía varón, que me sentía mujer.
-¿Pero era psicológico o físico?
- Las dos
cosas. Yo tenía todo el organismo de mujer.
-¿Tenías vagina?
- No, era un
pene muy chiquitito y no tenía casi testículos. Pero, cuando me fui
a operar, ahí me dan el diagnóstico de que por dentro tenía el
organismo de una mujer, que la naturaleza me hizo una mala jugada.
Cuando me estaba criando en el vientre de mi madre ahí se produjo la
degeneración.
-¿Dónde te operaste?
- En Chile.
-¿Y allí que te hicieron?
- Me sacaron
todo y quedé como mujer. Llego al orgasmo muy bien.
-¿Tenés penetración anal o vaginal?
- Las dos
cosas.
-¿Y respecto de la barba o el vello en el cuerpo?
- Hormonalmente
no tengo problemas, unos vellos he tenido en la cara, pero poco y
nada. Y en el cuerpo, las mismas compañeras acá te pueden decir que
yo no tengo ni un vello.
-¿Y las lolas?
- Es porque
tomaba hormonas. Después de que me operé se me terminaron de
desarrollar.
-¿Cuánto tiempo hace de esto?
- Ocho años
-¿Te cambió la vida después de la operación?
- Sí, aunque
nunca tuve problemas antes, porque yo siempre fui Marcela, Marcela
Claudia Tissera. Pero sabía que había algo que no tenía y me realicé
como mujer. Le debo mucho a mi ex-pareja que me ayudó a operarme.
-¿Y vos podés ser madre?
- No, porque no
tengo desarrollo. Me han sacado algo y algo me han dejado para
llegar al orgasmo, pero no tengo menstruación.
- O sea que clítoris tenés.
- Sí, todo. La
vagina como la tenés vos, la tengo yo. Y digo todo esto y también lo
voy a contar en mi libro porque hay mucha gente que ignora las
cosas. Juzgan, condenan y hablan cosas que no son. Yo soy bien
transparente como un cristal y siempre he ido de frente. Y no tengo
vergüenza de decir lo que fui, lo que soy y lo que voy a ser para mi
futuro: tener una vida digna, vivir bien. Antes de operada nadie me
daba trabajo, por eso me tuve que dedicar a la prostitución. Si me
hubieran dado y tenido el apoyo como lo tengo hoy, acá en una
cárcel, no hubiera sido noticia de las revistas, de un diario o de
la televisión, como lo fui. No me hubiera dedicado a la
prostitución, porque antes de la prostitución yo trabajé bien, no
fue la prostitución lo único que conocí en mi vida.
-¿Qué hacías antes?
- A los 6 años
iba a las quintas, compraba flores para el Día del Padre, de la
Madre o de los Muertos, hacía ramitos y los iba a vender por la
calle. También vendía facturas y masas con un canasto. Y conocí a un
doctor muy reconocido de Río Cuarto y me dio trabajo para limpiar
los consultorios.
-¿Y a qué edad te empezaste a dedicar a la prostitución?
- A los 12
años.
-¿Por qué tan chica?
- Porque no
tuve apoyo, no lo tuve nunca, ¡de nadie! Yo me hice sola en la
calle.
-¿Cómo te trataban en la calle? ¿Te faltaban el respeto por tu
sexualidad?
- No, me
respetaron siempre, porque yo me hice respetar. Y porque yo también
respeté. Yo de mi Río Cuarto no tengo nada qué decir. Te soy
sincera: yo fui la primera en mi condición de haber educado a la
sociedad. Y fui muy solicitada por los hombres...
- ¿Cómo te definirías en tu condición?
- Hoy me
definiría como una transexual. Si me ves desnuda, no podrías creer
que yo puede haber sido alguna vez lo que cuento.
-¿Te sentiste discriminada alguna vez?
- No, porque yo
la tengo clara, lo que soy y lo que dejé de ser.
-¿Y qué te dicen tus compañeras del penal?
- ¡Mis
compañeras son un sol! Todas ellas me han respetado, y también
respeté. Es el primer caso en la Argentina, como en Latinoamerica,
que en un pabellón de mujeres hay una que todavía tiene documento de
varón. Y estoy muy agradecida, porque a los cinco meses de estar
condenada yo ya salía a mi casa a ver a mi mamá. Y hace cinco años y
ocho meses que estoy presa. Me faltan ocho meses para empezar, si
Dios quiere, una transitoria, la mitad de mi condena.
-¿Tenés ganas de contar por qué estás acá?
- Por
homicidio. Yo tenía un cliente y lo atendía desde hacía tiempo. Una
vez le fui a cobrar y me insultó, me trató mal, me humilló y me
quiso pegar e, incluso, me pegó. Para defenderme yo siempre andaba
con un revólver, pero nunca lo usé para nada, era sólo para
defenderme porque al ejercer desde tan chica la prostitución lo
necesitaba, porque hoy tengo mi cuerpo, pero en aquel tiempo era
re-flaquita y menudita. Y este señor me agredió, me trató de lo
último y me pegó. Y yo por asustarlo con el revólver, para que no se
me abalanzara, cuando se me abalanzó se me escapó un tiro y lo maté.
(Se le llenan los ojos de lágrimas) Estoy muy arrepentida, y no es
porque esté presa acá, porque nunca fui capaz de matar ni una mosca
y este dolor me quedará para toda la vida. Yo voy a recuperar la
libertad en el 2007, pero el dolor me va a quedar de por vida, hasta
el día que me muera.
- Es que no son cosas fáciles de olvidar...
- Me partió la
vida por la mitad. Casualmente, en mi libro estoy escribiendo una
parte de cuando mi mamá estuvo internada, yo tenía cinco años, y una
tía me lavaba las manos con una esponja de acero. Yo tenía las
manitos muy paspadas, como se les hace a las criaturas. Y me hizo
muy mal escribir eso... (llora) Y bueno, son cosas de la vida...
-¿Qué pasó con tu mamá y con tu pareja en todo este tiempo?
- A mi mamá la
tengo postrada en una cama, tiene 79 años, está ciega. Yo acá hago
de todo para poder ayudarla: hago alfajores, tejo, coso, hago
peluches, estoy trabajando adelante haciendo fagina limpiando
oficinas y con eso banco a mi madre y me tengo que bancar yo. Y mi
pareja, quizás posiblemente esté muy dolido por lo que pasó. Yo no
estaba con él cuando pasó eso, pero no volvió nunca más. La tengo
clara, no le debo a nadie nada. Me la banqué como siempre, sola.
Nunca me fue fácil, ni siquiera afuera. Siempre sola, pero siempre
para los míos.
-¿Con quiénes te sentís agradecida?
- Con el apoyo
muy grande del establecimiento. Todos me ayudan, siempre están
presentes cuando hay un problema con mi madre, nunca me
discriminaron.
-¿Y los presos no te molestan?
- No, porque yo
no tengo contacto. Sólo a veces cuando vengo a hacer la fagina acá
adelante. Aparte mi conducta es intachable. Vengo a las 7 de la
mañana hasta las 10 y no hago ni una sonrisa, salvo a las empleadas.
-¿Cómo conseguiste que te alojaran en el pabellón de mujeres?
- Es que el mío
es el único caso, porque estoy operada. Si es por travestis hay
treinta mil, pero travestis. Operada, soy la única. Y gracias a mi
juez Jorge Piovano, es un excelente juez que, aunque me haya
condenado, yo lo considero así. Y fueron pocos los años, porque era
una vida, yo soy bien consciente de eso. Fue un accidente de la
vida, sí, pero soy consciente de que una vida no se paga con nada.
Yo la tengo clara esa. Sé que Dios ya me perdonó, pero le pido
perdón a mi madre porque está sufriendo una barbaridad y le ruego a
Dios que me la conserve hasta que yo pueda salir, porque está muy
enferma.
-¿A quién le echás la culpa de todo lo que te pasó en la vida?
- Si estoy
enojada es con la naturaleza. Yo no soy una persona de guardar
bronca. Y si se equivocaron conmigo, yo también me equivoqué en la
vida.
-¿Creés en Dios?
- ¡Mucho! Es el
que me da fuerzas todos los días para levantarme, el que me cuida a
mi madre, el que me ayuda a aprender todos los días algo.
-¿Cuánto te falta para quedar libre?
- Dos años y
once meses para salir del todo. Y para una transitoria, si Dios
quiere, me quedan diez meses.
-¿Cómo te ves allá afuera?
- Sé que va a
ser un poco duro, pero no imposible. Con todo lo que aprendí acá
tengo pensado hacer muchas cosas. Trabajo tengo, porque una señora
de la Pastoral, Amalia Gorla, que confió en mí desde el primer día
que estoy presa, me ayudó en todo, para crecer como persona, en lo
económico, en escucharme y también me retó muchas veces. Soy su hija
del corazón. Todos los viernes nos viene a ver a todas, pero la
afinidad conmigo es muy grande. Ella apostó a mí y tengo su apoyo,
como el de mucha gente.
-¿Siempre estás tan prolija, arreglada y pintada adentro del penal?
- Sí, porque si
te tirás abajo ya... Estoy presa, pero no estoy muerta. La vida
continúa, esta es una etapa de mi vida. Esto pasa.
-¿Qué sentiste cuando te vinieron a hacer la nota para la televisión
de Buenos Aires? ¿Te viste después por la tele?
- Sí, claro.
Fue en esta misma oficina... ¡Y me sentí una diosa!, la verdad. Pero
una diosa bien. Porque es lindo que te reconozcan, y me trataron
bien. Incluso, el conductor del programa me ofreció ayuda para
cuando salga. Y me preguntó cuál había sido mi anhelo de chica. Le
dije que siempre me gustaron las plumas y las lentejuelas. Me dijo
que tenía un cuerpo muy lindo y que, como todo es mío naturalmente,
yo habría triunfado mucho. Lástima que no tuve quién me ayudara...
-¿Y tampoco fuiste al colegio?
- Muy poco,
sólo hice la primaria hasta cierta parte, porque tenía que
rebuscármelas para ayudar a mi madre, a mis sobrinos, a mi hermano.
Y siempre fue eso. Por eso, acá aprendí a quererme yo, porque en la
calle no me quería. Yo creía que dándole a la gente era querer.
Pero, si no me quería yo, ¿cómo podía querer a los demás?
-¿Qué fue lo peor que te pasó en la calle?
- Cuando mi
mamá quedó ciega. Es un dolor que tengo muy dentro. Sé que me
necesita y que no puedo estar su lado. Y lo segundo, estar presa.
Eso me llegó mucho, pero en mi vida hubo un gran cambio...
-¿Y te vas a poner las plumas después?
- ¡No, ya no!
(Se ríe) Ya fue eso. Lo que sí, es que voy a luchar por mi
documento. El otro día me llevaron a la ginecóloga y ella extendió
un certificado a una persona como yo, con el mismo problema y ha
logrado el documento. Creo que fue acá en Río Cuarto. Mi abogado,
Julio Rivero, cuando me condenaron me dijo que quedaba comprometido
para el día que recuperara mi libertad para hacerme los trámites
para obtener mi documento.
-¿Soñás con casarte y tener una vida normal?
- Sí, y con lo
que más sueño es con adoptar un hijo. No lo voy a poder llevar los
nueve meses en mi vientre, pero lo voy a adoptar.
-¿Volverías a la prostitución?
- ¡No!¡Nunca
más!
-¿Qué se siente al ser prostituta?
- Cuando estás
en la ignorancia te creés una diosa. Pero cuando despertás de todo
eso, te das cuenta de que te han vivido uno y otro, porque de una
prostituta sacan mucha ventaja, tu pareja, tu familia, tus
amistades. Todo el mundo saca. Y una, a veces, es tan ilusa que se
cree que la quieren, pero no se da cuenta del “cuánto das, cuánto
valés”. Es muy triste. Yo no estoy en contra de la que quiera seguir
ejerciendo la prostitución. Yo hablo por mí. Siempre la tuve bien
clara y nunca tuve un fiolo. Y si tengo que hacer un balance de
quien fue “mi fiolo”, como se dice vulgarmente en esto, fue mi
madre. Porque a mi madre nunca le dejé faltar nada, ni a mi gente, a
mis sobrinos, a mi hermano y a mi cuñada. Y si me la pienso seguir
jugando trabajando honradamente como lo pienso hacer cuando salga,
va a ser por ellos. Pero, si vuelvo a la prostitución me defraudaría
a mí misma y a mucha gente que confió en mí.
-¿Qué es lo más importante de la vida?
- Es mi madre.
(Y llora) Lo más importante que tengo en la vida es mi madre...
Ana Solá
C.
A. 27-04-2004
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