|
Informamos a
nuestros lectores de que tienen que leer el capitulo
semanalmente, puesto que no se guardaran copias ni accesos a
lo ya publicado la semana anterior, del libro "Bandera Hueca"
del histórico activista chileno, Víctor Hugo Robles, que
cuenta la historia del movimiento GLTB en Chile .
Prohibida la reproducción parcial o total en cualquier otro
medio de comunicación, escrito o Internet. Exclusiva del
Diario Digital Transexual.
Fotografía izquierda: 21 de noviembre de 1997. Víctor Hugo
Robles, El Che de los Gays, interviniendo la
inauguración oficial de la 17 Feria Internacional del Libro de
Santiago, gritando “Juicio a Pinochet”.
EL CHE DE LOS GAYS /
(Bitácora de un activista travestido de revolución)
A
mediados de 1997, mientras el MOVILH agonizaba políticamente y un
alto nivel de intolerancia hacia los homosexuales se expresaba
en un estudio de opinión pública realizado por la Fundación
IDEAS16, comencé a desarrollar una serie de acciones de
impacto público, creando un personaje conocido como “El Che
Guevara de los Gays” . Estas acciones, aceptadas por unos y
rechazadas por otros, contribuyeron a dar visibilidad a la
lucha homosexual de Chile.
“La yerba está conmigo, yo estoy contigo”
Un poco antes de que emergiera el Che Gay, asistí al acto de
la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), realizado el 1º de
mayo de 1997, en el parque Almagro de la capital. Intentando
entrecruzar demandas sociales con las utopías del mundo gay,
aparecí con una corona de espinas, emulando a Jesús y un marco
adornado con una pancarta que rezaba: “La yerba está conmigo,
yo estoy contigo”. Usé la consigna porque, según me comentó
Pedro Henríquez (el ex locutor de radio Umbral), la usaron los
hippies criollos durante los años setenta para expresar su
apoyo a Salvador Allende, el candidato de la izquierda.
Entonces, entendiendo muy poco de mi delirio con Jesucristo, la
marihuana y Allende, la prensa habló de la presentación
atribuyéndole significados contrapuestos. Así, pese a mi
obligado destierro del Movimiento de Liberación Homosexual
MOVILH, después de la toma travesti, descubrí esta particular
forma de permanecer activo, visible e independiente.
El 4 de
septiembre de 1997, en el contexto de un nuevo aniversario de
la muerte del guerrillero argentino en Bolivia, comencé a
desarrollar una serie de acciones de impacto público. Con el
afán de hermanar su causa revolucionaria con nuestros trabajos
de emancipación; armado de una boina negra estrellada, la
camiseta número 11 de la selección chilena de fútbol, un bidón
que decía AZT (el nombre de la primera droga contra el SIDA) y
los labios pintados de rojo intenso, me presenté en la
discoteca Planet de la capital, en una fiesta en contra de la
censura organizada por el performancista y productor teatral,
Vicente Ruiz.
Ahí, en
momentos en que la actriz Patricia Rivadeneira (ex agregada
cultural de Chile en Italia) abogaba por la libertad de
expresión en nuestro país, le arrojé un chorro de agua que
tenía en el bidón de AZT para “provocar al provocador”.
Vicente Ruiz no captó el sentido simbólico de mi acto y ordenó
expulsarme del lugar con guardias de seguridad. “Esto es
censura, esto es censura”, gritaba desesperado, mientras el
público pensaba que todo era parte del espectacular show
alternativo montado por el productor cultural. Luego, fuera de
la discoteca, me desquité del censurador lavándome el trasero
con la misma agua que le había arrojado a la famosa actriz, y
declarando mi malestar por la censura a la prensa. Si bien
pudo ser entendido como una agresión misógena, mi acto era una
metáfora, un juego, un experimento, “provocar al provocador”,
tensionar los límites de la libertad y la censura. En
entrevista al diario La Tercera, el 6 de septiembre de 1997,
Vicente Ruiz declaró:
Una
cosa es abrir un espacio de libertad para que la gente se diga
cosas y otra es que la gente te basuree. Yo no voy a permitir
que nadie venga a romper la integridad de mi entorno familiar
y creo que reaccioné como lo haría cualquier persona;
imagínate que hubiera sido bencina en vez de agua y le tira un
fósforo, nadie alcanza a reaccionar, nadie, y hoy día
estaríamos en otra.
Tributo a Gladys
El 11 de septiembre de 1997, armado con mi boina tipo Che, los
labios rojos y una estrellita que decía “CRISIS” (aludiendo a
la crisis política que precipitó el Golpe Militar del 73), me
presenté en la marcha de Derechos Humanos al Cementerio
General, el 11 de septiembre de 1997. Acompañé a la multitud
en la caravana que encabezó la líder comunista Gladys Marín,
enfilando hasta el memorial de los detenidos desaparecidos.
Más tarde, en medio de las tumbas, con la violenta represión
policial y las bombas lacrimógenas, que no dejaban mirar ni
respirar, ovacioné públicamente a Gladys, culminando mi
tributo cuando le obsequié la estrellita.
Tiempo después, consolidando una relación de complicidad con Gladys,
obsequié a la líder comunista una banda tricolor (en su
calidad de candidata de la izquierda a la presidencia de
Chile), provocando revuelo entre viejos militantes
comunistas que vieron la instalación de sodoma y gomora en el
Partido, según declaraciones del Presidente del
Comando Presidencial de Gladis Marín, el sociólogo Tomás
Moulian, recogidas en el premiado documental El Che de los
Gays.
El Che de los Gays terminó convertido en un documental, recorriendo
diversos festivales de cine del mundo, entre ellos destaca, el
Festival Internacional de cine de La Habana, donde Víctor Hugo
Robles, su protagonista, provocó controversia al citar
abiertamente en el debut del film al disidente político y
afamado escritor homosexual cubano Reinaldo Arenas. El Che
de los Gays recibió el Premio del Público como Mejor
Documental en el Festival Internacional de Cine
Gay/lésbico/transexual de Bilbao, Zinegoak, en enero del 2005.
Su director es Arturo Álvarez Roa y su productora, Pamela
Sierra.
Crisis política
En el Cementerio General, terminada mi
presentación, regalé la estrella de “CRISIS” a Gladys Marín,
justo cuando la policía reprimía a los encapuchados y me
cruzaba con Lorena Astorga, la joven vocera oficial del Frente
Patriótico Manuel Rodríguez. Junto a Lorena, emulando el
rescate en helicóptero que liberó a sus compañeros de la
Cárcel de Alta Seguridad19, salimos del lugar arriba de un
taxi que apareció de la nada. La huida del Cementerio me hizo
pensar en Ricardo Palma Salamanca, el más romántico de los
frentistas liberados. El compromiso de Palma también lo
recordé días después, cuando asistí al homenaje al Che Guevara
en el Estadio Nacional. Allí, en medio del jolgorio juvenil
vibré con mi boina, mis labios rojos y una estrella colorida
que decía: “CHE TE ASMO”. Al parecer, pocos entendieron el
significado de mi consigna y confundidos preguntaban por el
sentido del mensaje. “El Che Guevara era asmático, por eso lo
asmo”, les decía, sepultando de este modo cualquier otra
interpretación.
Así, con este metafórico juego de palabras y mi particular acto de
“asmor”, creí culminar un mes de activismo político. Sin
embargo, pronto emanó la añoranza del plebiscito del 5 de
octubre de 1988, cuando derrotamos a Augusto Pinochet en las
urnas. Por eso, recordando aquel histórico triunfo del NO, el
Partido Humanista organizó una manifestación en el Parque
Almagro de la capital, lugar donde arribé hecho personaje. Fue
delirante, ya que terminé con los pantalones abajo, encaramado
en el monumento a Diego de Almagro y gritando desaforado con
el poto al aire;
“¡Que viva el Che Guevara, que viva el Che Guevara!”. En tanto, la
concurrencia observaba impresionada, recibía el saludo de Gladys Marín y del
histórico dirigente Luis Corvalán, ex Secretario General del
Partido Comunista de Chile. Luego, al caer el sol, una hermosa
canción acompañó la escena, cuando por los parlantes se
escuchó:“Yo te nombro libertad”.
Cueca maricueca
Terminado un año de visibilidad pública, el 21 de noviembre de
1997, me presenté en la inauguración de la 17º Feria
Internacional del Libro de Santiago, efectuada en la Estación
Mapocho. Ahí desarrollé una de las más publicitadas
performance de El Che de los Gays. En una inauguración
oficial, estaban los invitados culturales de siempre, muchos
periodistas, escritores varios y las más altas autoridades
políticas. Todo era tan habitual, que nada hacía presagiar lo
que más tarde ocurriría. Nada, excepto mis labios pintados de
rojo intenso, mi boina tipo Che y cierto aire de
acontecimiento que se olía en el ambiente pre - inaugural.
El ajetreo comenzó cuando me senté en la primera fila, saludando
amablemente a la ex primera dama de Chile, Hortensia Bussi de
Allende. Ella, cariñosa, se volteó al escuchar mi saludo,
mostrándose sorprendida por mi particular atuendo. Ella sonrió
un poco confundida y se sentó junto a otros invitados
ilustres. Después de que ingresaron a la sala las máximas
autoridades del país, entre ellos Jaime Ravinet, Alcalde de
Santiago; José Pablo Arellano, Ministro de Educación y el
entonces Presidente del Senado, Sergio Romero, comenzó la
inauguración oficial de la Feria del Libro con la
interpretación del Himno Nacional, interpretado por el Orfeón
Municipal.
Entonces,
temerario, salté al escenario con pañuelo rojo en la mano y
comencé a bailar una desenfrenada cueca al ritmo de la canción
nacional, mientras gritaba: “¡Juicio a Pinochet, juicio a
Pinochet, por los desaparecidos, juicio a Pinochet!”. Nadie
atinó a reaccionar, pensando que mi perfomance era parte del
espectáculo inaugural. Interminables minutos duró la
improvisada acción, hasta que guardias de seguridad subieron
al escenario y me sacaron a la fuerza de la Estación Mapocho.
Después, intentando superar el impasse, las autoridades
pidieron disculpas por el hecho. ¡Qué bochorno!, comentó un
ofuscado alcalde Ravinet. La expectación entre los reporteros
que cubrían el evento, siguió hasta las puertas de la Estación
Mapocho. Allí, custodiado por Carabineros esperé la llegada de
un carro policial que, finalmente, nunca apareció. En tanto,
la policía no entendía nada e, incluso, después de estar
ampliamente custodiado, sólo un Carabinero me llevó detenido a
la Primera Comisaría de Santiago en un radio taxi, siendo
recibido en el cuartel por la teniente Alarcón, quien no daba
crédito de la información que le entregaban sus subalternos.
Luego de varias horas de detención, fui liberado, acusado de
“desorden público”.
Mientras, en
la Feria, escritores y autoridades políticas manifestaban sus
opiniones al diario La Nación. El escritor Antonio Skarmeta
señaló:
Fue un
acto espontáneo, en un ambiente estimulante, amplio y
democrático como el del libro, que tolera este tipo de
expresiones, impulsos y excentricidades. Me pareció muy bien.
Encontré extraño que luego pidieran disculpas. A lo mejor
pedían disculpas porque no había aún juicio a Pinochet. Por lo
menos así lo entendí yo,
declaró el
poeta Raúl Zurita.
Por su parte,
Sergio Romero, entonces presidente del Senado, señaló molesto:
Fue una
intervención absolutamente anormal, que no tiene respeto ni
por el libro, ni por el himno patrio. Es una vergüenza. No lo considero un
ataque al general Pinochet, sino una muestra de grosería e
incultura. Lo que más me extraña es que alguna gente del
público haya aplaudido. Demuestra que los valores se están
perdiendo. No es posible que este tipo de pervertidos opaque
una ceremonia internacional.
Al año siguiente, el 16 de octubre de 1998, Augusto Pinochet fue
detenido en Londres, acusado por tribunales españoles de
crímenes de lesa humanidad. Ese inolvidable día recordé la
“cueca maricueca” de la Estación Mapocho.
Patitas de chancho
Tiempo después, en marzo de 1998, el activismo político monopolizó
la atención pública. El 8 de marzo, Día Internacional de la
Mujer, la izquierda criolla organizó una manifestación en el
Parque O’Higgins en repudio de las pretensiones parlamentarias
del dictador, quien debía jurar como senador vitalicio.
Animoso, me presenté en el acto armado con mi boina, la
camiseta de la selección chilena y con un cartel que decía
“JUICIO A PINOCHET”, adherido a un marquito de madera adornado
con patitas de chancho.
El día del juramento de Pinochet en el Parlamento, Valparaíso
estalló en protestas. Gladys Marín y Sola Sierra (fallecida
presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos
desaparecidos) fueron brutalmente golpeadas por Carabineros,
mientras “El Che de los Gays”, junto a una multitud más un
grupo de diputados de la Concertación, desfilábamos
desafiantes por las calles del puerto con una bandera de Chile
ensangrentada, recordando de este modo la sangre derramada por
todas las víctimas de la dictadura militar.
Fiebre nudista
Instalado Pinochet en el Senado, las demandas pendientes del
movimiento sindical continuaron en espera, desencanto visible
en el acto de la Central Unitaria de Trabajadores del 1º de
mayo de 1998. Deseando unir las reivindicaciones obreras con
la causa libertaria de los gays, me presenté con una corona de
espinas, la camiseta de la selección chilena, los labios rojos
y el cuadrito de patitas de chancho con cartel que decía: “EL
PUEBLO UNIDO”. En un minuto, cuando el entonces presidente de
la CUT, el socialista Roberto Alarcón, terminaba de leer su
discurso, salté las rejas de seguridad del escenario y me
desnudé frente a la multitud. Coincidentemente, el mismo día,
otra persona protagonizó un desnudo minutos antes que el
boxeador Martín Vargas disputara el título latinoamericano de
boxeo. Por lo mismo, el diario La Nación tituló la noticia como: “Fiebre nudista llegó a Chile”.
En otra ocasión, un mes antes de que Pinochet fuera detenido en
Londres y cuando se conmemoraron los 25 años del Golpe
Militar, El Che de los Gays volvió a aparecer en un
acto público. En un homenaje a Salvador Allende realizado en
el Estadio Nacional, el 4 de septiembre de 1998, me presenté
vestido de rojo, con una banda presidencial y un girasol
gigante, protagonizando una alucinada vuelta olímpica en la
cancha del Estadio Nacional, acto celebrado por Gladis Marín y
Camilo Guevara, hijo del mítico comandante. Días después, en
medio del lanzamiento de un libro sobre Salvador Allende
escrito por el sociólogo Tomás Moulián, protagonicé una
instalación. Nadie lo esperaba, pero motivado por la emisión
del dramático discurso radial que el fallecido presidente
pronunció el 11 de septiembre de 1973, me dirigí al escenario
de actos de la Biblioteca Nacional e instalé una figura de
yeso de San Sebastián de Yumbel al lado del autor del libro
Chile Actual, Anatomía de un Mito.
La virgen rota
Mientras Pinochet permanecía detenido en Londres, el 22 de
noviembre de 1998 me presenté en un acto de la izquierda en el
Parque O’Higgins, vestido de novia y llevando una figura de
yeso de la Virgen del Carmen (la patrona del Ejército
chileno), quien a su vez portaba un pequeño cartelito que
decía ¿Dónde Están? En medio de la actuación del grupo “Sol y
Lluvia”, subí al escenario y bailé las contagiosas melodías
del conjunto musical. Así estuve durante varios
minutos,
hasta que frente a la mirada atónita de los periodistas y
público presente, cerré la intervención lanzando la virgen al
suelo, rompiendo de este modo la virgen de yeso de los
militares chilenos.
La escena fue
aplaudida por algunos, entre ellos Gladys Marín, pero
reprobada por otros. Viviana Díaz, la entonces vice presidenta
de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, se
molestó por la “herejía” y me manifestó abiertamente su
rechazo. Pero, más allá de su parecer, el hecho quedó en la
retina del público presente en la manifestación, recibiendo la
casi total censura de la prensa presente en el acto. Sin
embargo la excepción llegó de parte del desaparecido canal de
televisión juvenil, Rock and Pop quien, a través de sus
periodistas, Marcelo Comparini y Marcos Silva del programa
Plaza Italia, exhibiendo las inéditas imágenes, expresando no
entender mucho y exigieron una “santa explicación”.
Fin del
diecisieteavo capitulo
/ Continuará la semana siguiente....
Comenta éste reporte ( indica en el titulo de que
Bio estas hablando)
|